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domingo, 14 de octubre de 2012

Me estreno en Reeditor.com con un artículo sobre el duelo explicado a los niños

Queridos parroquianos, ya lo veis, hoy estoy de estreno. Hace unos días, recibí una invitación procedente de los responsables de la revista digital multidisciplinar Reeditor.com, para que formase parte de su red de columnistas. Y me puse manos a la obra.

El resultado es un artículo más bien extenso que lleva por título:


Con la ternura propia de Pocoyó y una inteligencia sobrecogedora, los guionistas de esta original serie dedicada a la primera infancia abordan uno de los temas más escabrosos para los adultos y más difíciles de manejar con los niños: la realidad de la muerte. Podéis leer el artículo completo pinchando aquí.

De ahora en adelante, intentaré colaborar con cierta asiduidad en ese magnífico cruce de caminos que es Reeditor.com. Cada vez que publique allí, dejaré en esta Posada un enlace al artículo para que los que lo deseéis podáis leerme también allí. De todos modos, podéis registraos en su web totalmente gratis para seguir a los columnistas que más os gusten, dejar comentarios, señalar vuestros artículos favoritos... 

Allí nos vemos, amigos. ¡Hay más de 1500 columnistas!

domingo, 6 de noviembre de 2011

El camino también deja huella

En este lugar de encuentro para los caminantes, son muchas las trayectorias que se entrecruzan, plasmando fuertes huellas unas en otras. Todos los caminantes somos conscientes de que dejamos huellas con cada paso de nuestro incesante caminar. Dejamos huellas en el polvoriento suelo, hasta que el viento o el agua las borre. Y dejamos huellas más difíciles de borrar en aquellos que, en algún momento, caminan a nuestro lado, como también ellos dejan huellas perennes en nosotros.

Todos estamos cubiertos de huellas. Las huellas de nuestros acompañantes, de nuestros amigos, de los cruzados de la vida... y también del propio suelo que pisamos.

Pues, cuando nuestro pie se hinca en el suelo, no sólo queda éste hendido por nosotros. También el camino hiende huellas en nuestro corazón. Vamos aprendiendo de cada paso, pero incluso esto sería decir poco. En realidad, vamos construyéndonos y reconstruyéndonos continuamente en nuestro caminar, sin descanso, sin volver a ser jamás los mismos que fuimos. Pues ya no somos lo que éramos hace un kilómetro: pasamos a ser nosotros + las huellas que ese kilómetro deja en nuestro haber.

Somos caminantes de la vida y, como tales, somos, de forma implacable e ininterrumpida, receptores de nuevas experiencias cuyo poder de cambiarnos resulta en ocasiones completamente imprevisible. Y no es que acumulemos esas experiencias, del mismo modo que los trastos viejos se acumulan en un cajón. Más bien, las huellas que el camino deja en nosotros son como hierro que se funde, integrándose con el resto de las experiencias ya asimiladas.

No, no negaré que somos lo que somos. No negaré que estamos conformados de genes que delimitan nuestro aspecto físico, y buena parte de lo que no se ve. Pero, ¿acaso no cambiamos a lo largo de nuestra vida? ¿Acaso lo que somos no depende de lo que hemos vivido, de aquellos parajes por los que hemos caminado? ¿Seríamos iguales si, habiendo nacido aquí, hubiésemos vivido desde bien pequeñitos en Ruanda, o en Iraq?

Para completar esta reflexión, os invito a leer mi artículo sobre el poder del camino sobre nuestro ser, publicado hace una semana por mi buen amigo y gran persona Javier Mérida en su página web. Aquí os dejo el enlace: 

(entrad en "Firma invitada")

¡Espero que podamos compartir opiniones y comentarios al respecto!
¡Un gran saludo, caminantes!


jueves, 15 de septiembre de 2011

Vivir sin máscaras


Estimados parroquianos y visitantes, hoy quiero invitaos a pasar una noche en la Azotea, en compañía de la voz intuitiva y reflexiva de Borja Vilaseca. Os ofrezco un artículo de opinión que dicho autor publicó en El País el pasado 3 de julio, en el cual se adentra en el estudio de la acuciante falta de autenticidad que padece el ser humano actual, llevándole al borde mismo del mayor vacío: el vacío existencial. 

Partiendo de los dictados de una sociedad que condiciona cada uno de nuestros movimientos, incluida -y especialmente- nuestra forma de pensar, Borja Vilaseca navega en busca del modo de ser auténticos, de ser "naturales", que no es ni mucho menos lo mismo que ser "normales". ¿Cómo podemos vencer las cadenas que nos impone la sociedad y aprender a vivir sin máscaras?

Sin más preámbulos, os dejo con este interesantísimo texto de Borja Vilaseca.  


Vivir sin máscaras

Estamos tan condicionados para pensar y comportarnos de una determinada manera que en la sociedad actual ser auténtico es un acto casi revolucionario.

Se cuenta que un reconocido y anciano catedrático de psicología llevaba décadas investigando acerca de la epidemia de vacío existencial y de sinsentido vital que padecían la mayoría de seres humanos. Si bien solía proyectar ante los demás una imagen de seriedad y seguridad, en soledad reconocía sentirse triste y confundido. No acababa de comprender por qué, a pesar de seguir al pie de la letra todo lo que el sistema le decía que tenía que hacer para lograr éxitos y riquezas materiales, en el fondo de su corazón se sentía tan pobre y vacío.

Y así siguió hasta que una mañana entró en una concurrida cafetería y pidió una manzanilla. Seguidamente, la joven camarera cogió una bolsita prefabricada con una mano y un cuenco lleno de ramitas y hojas secas con la otra. Y muy amablemente le preguntó: "¿Cómo la quiere: normal o natural?".

Sorprendido, el catedrático señaló el cuenco con hojas secas. Y mientras se estaba tomando la infusión, obtuvo la revelación que llevaba décadas buscando. Se abalanzó sobre la camarera y le dio un sonoro beso de agradecimiento. Entusiasmado, le dijo: "¡En esta sociedad lo normal no tiene nada que ver con lo natural!". Y salió con una sonrisa de oreja a oreja, como si hubiera encontrado un tesoro.

La sociedad contemporánea se ha convertido en un gran teatro. Al haber sido educados para comportarnos y actuar de una determinada manera, en vez de mostrarnos auténticos, honestos y libres -siendo coherentes con lo que en realidad somos y sentimos-, solemos llevar una máscara puesta y con ella interpretamos a un personaje que es del agrado de los demás. Si bien vivir bajo una careta nos permite sentirnos más cómodos y seguros, con el tiempo conlleva un precio muy alto: la desconexión de nuestra verdadera esencia. Y en algunos casos, de tanto llevar una máscara puesta, nos olvidamos de quiénes éramos antes de ponérnosla.

Lo cierto es que algunos sociólogos coinciden en que en nuestra sociedad ha triunfado el denominado "pensamiento único". Es decir, "la manera normal y común que tenemos la mayoría de pensar, comportarnos y relacionarnos". Así, al entrar en la edad adulta solemos ser víctimas de "la patología de la normalidad". Esta sutil enfermedad -descrita por el psicoterapeuta alemán Erich Fromm- consiste en creer que lo que la sociedad considera "normal" es lo "bueno" y lo "correcto" para cada uno de nosotros, por más que vaya en contra de nuestra verdadera naturaleza.

LA ELOCUENCIA DE LA VANIDAD

"Dime de qué presumes y te diré de qué careces" (refrán popular)

A pesar del malestar generalizado, solemos priorizar el "cómo nos ven" al "cómo nos sentimos". Tanto es así que para muchos la pregunta de cortesía "¿cómo estás?" supone todo un incordio. La mayoría nos limitamos a contestar mecánicamente: "Bien, gracias". Y en caso de no poder escaquearnos, enseguida redirigimos la conversación hacia cualquier "charla banal". Es decir, la utilizamos para fingir que nos estamos comunicando, cuando en realidad lo único que estamos haciendo es llenar con palabras un potencial silencio incómodo.

En este contexto social, algunos individuos ocultan sus miserias y frustraciones tras una fachada artificial que seduzca e impresione a los demás. La paradoja es que cuanto más intentamos aparentar y deslumbrar, más revelamos nuestras carencias, inseguridades y complejos ocultos. De hecho, la vanidad no es más que una capa falsa que utilizamos para proyectar una imagen de triunfo y de éxito. Es decir, la máscara con la que en ocasiones cubrimos nuestra sensación de fracaso y vacío. Si lo pensamos detenidamente, ¿qué es la "respetabilidad"? ¿Qué es el "prestigio"? ¿Qué es el "estatus"? ¿Qué tipo de personas lo necesitan? En el fondo no son más que etiquetas con las que cubrir la desnudez que sentimos cuando no nos valoramos por lo que somos.

En este sentido, ¿qué más da lo que piense la gente? De hecho, ¿quién es la gente? Nuestra red de relaciones es en realidad un espejismo. En cada ser humano vemos reflejada nuestra propia humanidad. Por eso se dice que los demás no nos dan ni nos quitan nada; son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta. La gente no nos ve tal y como somos, sino como la gente es. O como dijo el filósofo Immanuel Kant, "no vemos a los demás como son, sino como somos nosotros". De ahí que la opinión de otras personas solo tiene importancia si nosotros se la concedemos.

DEJAR DE FINGIR

"La verdad que nos libera suele ser la que menos queremos escuchar" (Anthony de Mello)

Un leoncito apenas recién nacido se quedó rezagado y se perdió, pero un grupo de ovejas se cruzó en su camino y le adoptó como un miembro más de su rebaño. El animal creció convencido de que era una oveja, aunque, por más que tratara de balar, solo lograba emitir débiles y extraños rugidos; y por más que se alimentara de hierba, cada vez que veía a otros animales sentía el deseo de devorar su carne. Y por ello, a diferencia del resto de ovejas, que pastaban plácidamente, el felino solía estar angustiado y triste.

Los años pasaron y el animal se convirtió en un león corpulento y fiero. Y una mañana, mientras el rebaño descansaba a orillas de un lago, apareció un león adulto. Todas las ovejas huyeron despavoridas. Y lo mismo hizo el león que creía ser una oveja, que enseguida quedó a merced del león adulto. Nada más verlo, el león cazador no pudo evitar su sorpresa al reconocer a uno de los suyos. Y sorprendido, le preguntó: "¿Qué haces tú aquí?". Y el otro, aterrorizado, le contestó: "Por favor, ten piedad de mí. No me comas, te lo suplico. Solo soy una simple oveja". "¿Una oveja? Pero ¿qué dices?". El león adulto arrastró a su camarada a orillas del lago y le dijo: "¡Mira!". El león que creía ser una oveja miró, y por primera vez en toda su vida se vio a sí mismo tal como era. Sus ojos se empaparon en lágrimas y soltó un poderoso rugido. Acababa de comprender quién era verdaderamente. Y nunca más volvió a sentirse triste.

SEGUIR NUESTRA VOZ INTERIOR

"No dejéis que el ruido ahogue vuestra propia voz interior. Ella ya sabe lo que vosotros realmente queréis ser" (Steve Jobs)

No importa quiénes seamos, qué decisiones tomemos o cómo nos comportemos. Hagamos lo que hagamos con nuestra vida, siempre tendremos admiradores, detractores y gente a quien resultemos indiferentes. Pero entonces, si nuestras relaciones se sustentan sobre este juego de espejos y proyecciones, ¿por qué fingimos? Seguramente por nuestra falta de confianza y autoestima.

Para cultivar una sana relación de amistad con nosotros mismos, lo único que necesitamos es modificar la manera en la que nos comunicamos con nosotros a través de nuestros pensamientos. Solo así podremos aceptarnos, respetarnos y amarnos por el ser humano que somos, con nuestras cualidades, virtudes, defectos y debilidades. Lo demás son comentarios, ruido que hace la gente para no escuchar su propio vacío. Lo que está en juego es nuestra libertad para ser "auténticos"; convertirnos en quienes verdaderamente somos, siguiendo los dictados de nuestra propia voz interior. Eso sí, debido a las múltiples capas de cebolla con las que hemos sido condicionados, hoy día ser uno mismo es un acto revolucionario.

miércoles, 24 de agosto de 2011

"Vuelo de libélulas": el punto de partida

Queridos visitantes de la Posada, a continuación os dejo un adelanto de lo que podéis encontrar en "Vuelo de libélulas". Si alguno espera que revele algo de la trama o de la trayectoria del personaje, mejor será que espere sentado. Aquí sencillamente os ofrezco unas notas acerca de la cimentación sobre la que se erige la historia de la novela. En otras palabras, un pequeño sendero hacia las ideas que dieron forma al texto final.

Pese a lo que pueda parecer, "Vuelo de libélulas" no es una novela sobre política. Ni siquiera sobre los enfrentamientos de unos grupos políticos con otros. Más bien, se trata de una novela "social".

Como sabéis, la historia trata de un joven que se define a sí mismo como persona que pertenece a un grupo, y desde ahí, este chico comenzará a ver la vida con otra perspectiva. Poco importa que este grupo sea político, religioso, intelectual, deportivo o parrandero. Lo que es realmente importante -por ser el denominador común de todo ello- es que se trata de un grupo social que, en un intento de reforzar su identidad, lucha por diferenciarse de otros grupos. Y, si para ello es necesario el enfrentamiento y la oposición abierta, sus miembros no tendrán reparos en emplearlo.

¿Habrá algún día un clásico sin agresiones?
Siempre ha sido así. Los forofos del Real Madrid se enfrentan a los del Barça, intentando demostrar que son mejores. Y lo mismo ocurre con los del Barça respecto al Madrid. Son los dos grandes equipos del panorama futbolero nacional y, por tanto, están destinados a un enfrentamiento sin fin. Si el Real Madrid gana, ya sabemos que sus prosélitos ensalzarán a su equipo, su entrenador y sus jugadores. Los seguidores del Barça, no obstante, se opondrán a esa consideración y quién sabe si la victoria del Madrid será vista como resultado de las faltas cometidas por sus jugadores, un mal arbitraje o, sencillamente, la suerte. Pero, ¡ojo!, lo mismo ocurrirá, pero a la inversa, si el equipo vencedor resulta ser el Barça. ¡Lo hemos comprobado claramente hace unos días, en la final de la Super Copa!

El enfrentamiento es habitual entre los grupos ideológicos
En los grupos ideológicos de tendencia política el proceso no es muy distinto (salvando las diferencias obvias). Si yo estoy en el grupo A, que se manifiesta en contra del grupo B, trataré de defender a mi grupo como el mejor a base de descalificar y desautorizar, bien los argumentos, bien a las propias personas, que pertenecen al grupo B. Para mí, el grupo B está equivocado o son unos sinvergüenzas; todo lo contrario del grupo A, al que yo pertenezco. ¡Éstos son honrados y luchan por un ideal justo, que merece la pena defender! Por eso yo estoy dentro de ese grupo.

Este tipo de dinámica tiende a desencadenar enfrentamientos abiertos que con demasiada frecuencia acaban en violencia. A los hechos me remito. La noche anterior a la llegada del Papa a Madrid, lo que habrían de ser unas manifestaciones pacíficas de peregrinos, por un lado, y laicos, por otro, se convirtió en un auténtico intercambio de violencia. 

Manifestaciones "pacíficas" acaban en violencia
¿Cómo puede ser que dos movimientos que abogan por la paz acaben recurriendo a la violencia verbal y física? La paz es uno de los valores fundamentales de la Iglesia Católica, y esto se acentúa especialmente en todas las JMJ. Por otro lado, la manifestación laica partió con un espíritu expresamente pacífico. No obstante, las agresiones fueron bidireccionales. En un intento de desacreditar al otro, estos grupos acabaron por desacreditarse a sí mismos. (No perdamos de vista, por otro lado, que no podemos etiquetar a todo un grupo por las acciones de unos cuantos, que es un error muy común).

¿A dónde nos lleva todo esto? Entre otras cosas, a considerar que la lucha de grupos es común a todos los ámbitos sociales, sin distinción de edad, sexo, valores, etc. Si apuramos, ¡incluso las rivalidades entre pueblos vecinos entran en este contexto!

Por eso, "Vuelo de libélulas" no debe enmarcarse dentro de las rencillas políticas por el simple hecho de que el protagonista esté dentro de un grupo neofascista. La ideología del grupo es circunstancial. Pero hay algo verdaderamente sustancial: que se define dentro de un grupo social frente a otro u otros.

La "identidad grupal" permite que mil actúen como uno sólo
A partir de ello, podemos hacernos más preguntas: ¿qué hace que un joven entre en un grupo tan cerrado?, ¿cómo se forman estos grupos?; ¿cómo se mantienen vivos y activos?, ¿por qué es tan difícil salir de ellos una vez se está dentro?...

Todas estas preguntas, y muchas otras, dieron origen a lo que hoy es "Vuelo de libélulas".

Así pues, con esta novela pretendo acercar este tema, característico de los experimentos y estudios de la Psicología Social, a todas las personas que les interese. Todos formamos parte de la sociedad y, por ello, todos podemos vernos influidos por los grupos sociales. Ésta es la razón por la que me parecía interesante convertir en novela esta temática tan trascendental, para que todo el mundo pudiese tener acceso a ella sin necesidad de leerse grandes volúmenes teóricos.


El nazismo logró que millones de personas dejasen de ser ellos mismos para ser clones dentro del movimiento, amoldándose todos al mismo comportamiento y las mismas ideas. Es lo que se conoce como "desindividuación".